siguiente comparación. Imaginemos que hace un siglo hubiésemos congelado a un cirujano y a un maestro y ahora les volviéramos de nuevo a la vida. El cirujano entraría en la sala de operaciones y no reconocería
ni el lugar ni los objetos y se sentiría totalmente incapacitado para actuar. ¿Qué pasaría con el maestro?
Como señala Papert, el profesor reconocería el espacio como una clase y todavía encontraría una tiza y
una pizarra con la cual empezar a enseñar.
Esta concepción de aula y de enseñanza es la que todavía está presente en la mayor parte de las
escuelas. Sin embargo, urge cambiar este modelo formativo e incorporar en la formación del profesorado
las herramientas para capacitarlo como un profesional que esté más cerca de ser un trabajador del
conocimiento, un diseñador de entornos de aprendizaje, que un mero transmisor de información.
Los profesores que formamos se van a encontrar con alumnos que pertenecen a una nueva
generación, una generación digital en la cual la información y el aprendizaje ya no esta relegada a los muros
de la escuela ni es ofrecida por el profesor de forma exclusiva.
El principal problema de los profesores de la generación digital es que la sociedad actual ha
cambiado de forma muy rápida y el profesorado se encuentra con una situación complicada: se han
producido muy pocos cambios en cuanto a la estructura y la gestión de la escuela mientras que la sociedad
ha cambiado de forma rápida, los niños actuales necesitan otro tipo de formación. Los profesores se han
formado y se están formando con una cultura y una visión del significado de su profesión que ya ha
cambiado.
El profesor dentro de la institución escolar tiene una cierta libertad para poder introducir mejoras o
no modificar su práctica. No obstante, aunque puedan ver cómo la escuela tiene que cambiar, cómo
necesitan mayor formación para afrontar los cambios carecen de capacidad de introducir modificaciones a
la vez que la formación depende – en la mayoría de los casos- totalmente de su voluntad. Como señala C.
Marcelo (2002), el aislamiento de los profesores está favorecido evidentemente por la arquitectura escolar,
que organiza las escuelas en módulos estándar, así como por la distribución del tiempo y el espacio, y la
existencia de normas de independencia y privacidad entre los profesores. “El aislamiento, como norma y
cultura profesional tiene ciertas ventajas y algunos evi dentes inconvenientes para los profesores ya que
aunque facilita la creatividad individual y libera a los profesores de algunas de las dificultades asociadas con
el trabajo compartido, también les priva de la estimulación del trabajo por los compañeros, y se deja de
recibir el apoyo necesario para progresar a lo largo de la carrera” (Marcelo: 2002).
Los cambios que se están produciendo en la sociedad inciden en la demanda de una redefinición
del trabajo del profesor y de la profesión docente, de su formación y de su desarrollo profesional. Los roles
que tradicionalmente han asumido los docentes enseñando un currículum caracterizado por contenidos
académicos hoy en día resultan inadecuados. A los alumnos les llega la información por múltiples vías ( la
televisión, radio, Internet, etc.) y los profesores no pueden ignorar esta realidad. Salomon ofrece su
metáfora respecto a esta modificación del rol del profesor desde transmisor de información, el solista de una
flauta al frente de una audiencia poco respetuosa, al de un diseñador, un guía turístico, un director de
orquesta (1992:42). Bajo esta perspectiva, el papel del profesor debería de cambiar desde una concepción
puramente distribuidora de información y conocimiento hacia una persona que es capaz de crear y
orquestar ambientes de aprendizaje complejos, implicando a los alumnos en actividades apropiadas, de
manera que los alumnos puedan construir su propia comprensión del material a estudiar, y acompañándolos
en el proceso de aprendizaje.
Comprender lo que se aprende y aprender a aprender son algunos de los aspectos más repetidos
en toda la bibliografía sobre el tema, y ello es aplicable tanto a los estudiantes como a los propios
profesores. Los cambios en los profesores no pueden hacerse al margen de cómo se comprende el
aprendizaje de los propios profesores y, esta comprensión debe presidir los planes de formación inicial y
continua del profesorado
Begoña Gros Salvat
Universidad de Barcelona, España
Juan Silva Quiroz
Universidad de Santiago de Chile, Chile.
Universidad de Barcelona, España
Juan Silva Quiroz
Universidad de Santiago de Chile, Chile.

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